Entonces, ¿cómo pueden los compradores reducir sus riesgos en la práctica?
El primer paso consiste en analizar minuciosamente el historial de propiedad del inmueble. Los compradores deben solicitar certificados de ausencia de cargas de todos los propietarios anteriores, incluida la empresa constructora, cuando proceda.
Si el anterior propietario tiene una deuda pendiente, el comprador debe solicitar al deudor que regularice la situación. Los problemas surgen cuando el deudor se niega a saldar la deuda. En tales casos, las acciones legales pueden agravarse y, en situaciones extremas, dar lugar a la pérdida de la propiedad.
Abogado Diego Gama, especialista en derecho inmobiliario y secretario-director de Creci-DF, explica que el STJ basó su decisión en Artículo 185 del Código Tributario, modificada por la Ley Complementaria 118/2005.
El artículo establece que cualquier transferencia de bienes realizada por un contribuyente con deuda activa registrada se presume fraudulenta. En la práctica, el Poder Judicial presume la mala fe tanto del vendedor como del comprador. Por lo tanto, las transferencias de bienes realizadas desde 2005 por propietarios endeudados pueden considerarse inválidas.
Sin embargo, la interpretación jurídica ha variado con el tiempo, especialmente en los tribunales regionales. Debido a esta incertidumbre, Gama recomienda encarecidamente obtener todos los certificados posibles. Si alguno de los certificados es positivo, los compradores deben exigir garantías o pruebas de la regularización de la deuda.
Incluso cuando la ley permite la exención de certificados, los compradores deben realizar un análisis exhaustivo de riesgos. Esta decisión debe tomarse siempre de manera consciente y con conocimiento de causa.
Según Gama, las transacciones relacionadas con deuda vigente pueden seguir realizándose. Sin embargo, requieren precauciones estrictas. El STJ reconoce la buena fe cuando el deudor ofrece garantías adicionales y no transfiere activos para eludir el pago.
En definitiva, una diligencia debida bien fundamentada sigue siendo la mejor protección en el mercado inmobiliario brasileño.